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En el recinto que hoy ocupa el coro alto del Carmen, el Arzobispo Bernardino de Almanza bendijo en su lecho de muerte, el proyecto del Monasterio de las Carmelitas Descalzas; el rey Felipe IV expidió la cédula real el 31 de diciembre de 1642, “siendo su intento que se recogiesen en él las principales doncellas descendientes de los conquistadores”

La Orden Carmelitana tomó posesión del convento el 8 de abril de 1645. La construcción de la iglesia se inició en julio de 1845 y se terminó en diciembre de 1850.

El arzobispo Don Antonio Herrán, dejó consagrado “que este templo construido sin recursos, venciendo las dificultades más insuperables, es milagroso”. “Fray Joaquín Páez Murcia era capellán de los dominicos y como no había convento de curas, entonces también le decía misa a las monjitas del Carmen; cuando estaba él fue la Renovación del cuadro de la virgen, y dijo: ¿qué hago con este lienzo?,  hay que hacerle una casa bonita,   ... .” Aura María Borrás de Páez. 

“No encontrando lugar para construir la iglesia, el P. Páez dijo a la Madre Priora: pida a Dios que se digne manifestar el lugar donde quiere que se haga la iglesia. La Madre le contestó al día siguiente, que había cumplido su mandato y que había visto una iglesia muy hermosa construida en la calle pública inmediata al monasterio… la iglesia quedará con todo el largo y ancho que se quiera, porque se comprarán las casas de enfrente y quedará así, además de la anchura para el templo, una plazoleta. Y el templo se construyó en la calle (…) Se hicieron convites para transportar la piedra…” Pablo Desantiago. C.M.F: Membranzas de la Villa. Tip. Voto Nacional, Bogotá, 1929. Tomado de  Arango – Trejos – Lagos, Memoria Histórica e Imaginarios de Villa de Leyva, tomo II.   

 

Los conciertos se realizarán en la iglesia parroquial, la iglesia de San Agustín y la iglesia del Carmen, recintos con excelente acústica para la música antigua, frecuentemente utilizados por diversos grupos para grabaciones y conciertos. Con su contexto religioso, su historia y arquitectura colonial, son sedes propicias para la contemplación de la música antigua.

Templo del Claustro de San Agustín

Iglesia del Carmen

El Convento de San Agustín, junto con su iglesia, fueron fundados en 1573, por el Ermitaño Agustino Vicente de Requejada, capellán del conquistador Nicolás de Federmán, quien en 1538 llegó al Nuevo Reino de Granada. El padre Requejada murió en Leyva en 1575 y sus restos fueron trasladados a Tunja para sepultarlos en la Catedral, de la cual fue su primer cura. Tomado de Napoleón Ignacio Sáenz, Villa de Leyva, tradiciones y anhelos. Bogotá 1968.   

Asignan algunos historiadores a San Agustín fechas anteriores a la existencia de la Villa, lo cual es imposible, por lo que sólo resta aceptar que su fundación se efectuó entre los años 1582 y 1595, fecha esta última en la cual ya existía prior; cabe señalar que el primero, a Fray Mateo Delgado, le correspondió dirigir la fundación del Convento de la Candelaria en 1604. En 1603 fue establecido en el convento de San Agustín un colegio con el fin de formar los novicios, pero que, según memorial del padre Mallot dirigido al rey, también se había formado para que los hijos de los vecinos estudiasen. Para el año de 1618 ya estaba edificado el templo del convento, y durante algunos años se utilizó en reemplazo de la iglesia matriz, mientras se hacia el nuevo edificio. Continúa sirviendo a la comunidad hasta el año de 1835, cuando pasa a ser propiedad del gobierno. En 1856 la Asamblea de Boyacá lo cede al municipio, y este a los dominicos, para regresar nuevamente a poder del Estado en virtud de la desamortización promulgada poco después. Alberto Corradine Angulo / Tomado de  Arango – Trejos – Lagos, Memoria Histórica e Imaginarios de Villa de Leyva, tomo II.     

A consecuencia de la Ley del 28 de Julio de 1821, del Congreso de Cúcuta, y de los decretos posteriores, sobre Supresión de las Comunidades Menores y apropiación de sus bienes a establecimientos de educación, el Convento Agustiniano quedó abandonado en 1837. Cuarenta años después, lo tomaron en arrendamiento las señoritas Emilia Buitrago y las hermanas Rosa y Virginia Umaña, quienes fundaron en él el Colegio de Nuestra Señora de Lourdes, el cual no perduró muchos años.
En 1880, el ilustre padre dominico, Fray Saturnino Gutierrez, teólogo, filósofo y naturalista, fundó en Leyva la Comunidad de las Terciarias Dominicas, e instaladas en el edificio del Convento de San Agustín, entraron a regentar el Colegio del Sagrado Corazón. En 1884, los revolucionarios ocuparon el edificio, desalojando a 25 religiosas y a 40 colegialas; todas ellas se refugiaron en la casa del capellán del Monasterio del Carmen y luego en la de Don Pedro Martín Páez, hasta 1886, cuando el padre Gutierrez refaccionó el convento y pudieron regresar a él las monjas y educandas.

El Colegio del Sagrado Corazón tuvo una época floreciente, hasta 1911, cuando murió el fundador y benefactor de la Comunidad de Terciarias; luego entró en decadencia y se extinguió, habiendo quedado en el convento un pequeño grupo de Terciarias, hasta el 18 de agosto de 1944, fecha en que fue retirada de allí la comunidad, en la Gobernación de don Rafael Vargas Páez, cuando se restauró el edificio y se destino a fines educacionales.  Tomado de Napoleón Ignacio Sáenz, Villa de Leyva, tradiciones y anhelos. Bogotá 1968.   

Luego de ser utilizado por cerca de treinta años como Escuela Normal, entra en completo abandono hasta que es restaurado y, en 1997, se inaugura como sede del Instituto de Investigación de la Biodiversidad, Alexander Von Humboldt. Raúl Gonzalez Rubio.

 

Iglesia Mayor

La iglesia parroquial, llamada catedral desde tiempos de la Colonia, con sus bellos altares de estilo barroco, valiosos vasos sagrados y famosa campana mayor, de poderoso tañido, principió a construirse en 1608 con donaciones del rey y de los feligreses sobre planos elaborados por el arquitecto Rodrigo de Alvear, con algunas reformas del arquitecto italiano, Padre Juan Bautista Celuchini; en ella trabajaron el arquitecto Hernando Laitón, el pintor Bernabé de Posadas y el decorador Francisco Velásquez, leyvano, operario de la silletería del presbiterio de la catedral de Tunja.


Sobre la puerta que da entrada a la sacristía, se encuentra un cuadro de San Francisco Javier, pintado por el artista santafereño Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos el más importante de los pintores colombianos en la época de la colonia, También conserva esa iglesia las imágenes de San Juan de Dios, de Nuestra Señora de Belén y de Nuestro Señor de Monserrate y el cuadro de las animas del pintor Jerónimo Acero, de principios del siglo XVII.


El frontis del templo tiene una rica estructura de piedra que aún sobrevive a los intentos de encubrir con cemento. posteriormente al remodelar la plaza, se construyó una hermosa gradería de piedra y, el cemento del atrio que cubrió los laudes quedó, al menos, tapado con piedras planas.